Nadie es dueño del tiempo. El tiempo es tuyo ahora y será tuyo para siempre. Tú y sólo tú puedes decidir que quieres hacer con él. Tú decides cuánto tiempo quieres estar en el mar, cuanto tiempo quieres estar pintando, cuanto tiempo componiendo una canción o cuanto tiempo buscando inspiración.
El tiempo es tuyo; que no te lo quiten.

Los relojes no miden el tiempo. Miden los segundos. Pero un segundo no dura lo mismo cuando estás dejándote llevar por una ola, cuando estás saltándo o cuando estás dando un beso. Será un segundo para el mundo, pero para tí es mucho más que un segundo. Para nosotros un segundo será siempre un segundo, pero nos gustan mucho más esos segundos en los que caben instantes inolvidables que duran casi para siempre.

Quién decide cuándo es tarde para empezar a tocar la guitarra. O cuando es tarde para escribir un libro. O cuando es tarde para empezar a surfear. O mejor dicho, ¿quién puede decidir eso por ti? Nunca es tarde para nada. Nunca es temprano para nada. Ahora es el tiempo perfecto para todo lo que tengas en mente.

Te lo dirán los que llevan años en el mar: si te impacientas por una ola no llegará nunca. O los compositiores: si te desesperas buscando una rima, la rima no se dejará ver. O los pintores: es mejor dejar que la inspiración llegue que ir a buscarla. O los que hacen Downhill: la mejor manera de romper tu record es no pensar en el tiempo. El tiempo no es nada a batir. El tiempo, si te dejas llevar, es en todo caso el que te empuja para que las cosas sucedan.